
A los seis años, mientras descansaba en una escalera de madera en Mesh Hall, en el norte de la isla de Vancouver, Kiem Schutter vivió un instante que marcaría su camino. Con las manos apoyadas sobre la espalda gastada de la persona que tenía delante, percibió por primera vez, de forma intuitiva, el cuerpo y el movimiento de la energía y la tensión.
No sabe si esa sensibilidad era un don innato o simplemente una manera distinta de relacionarse con el mundo, pero desde entonces quedó clara su inclinación por integrar enfoques alternativos y explorar aquello que va más allá de los marcos convencionales.
Kiem también se identifica con la dislexia, algo que refleja con fuerza su mirada amplia. En lugar de separar ideas, se siente atraído por la no dualidad: la unión de personas, prácticas y posibilidades. Esa forma de ver la vida sostiene una trayectoria basada en la conexión, la inteligencia emocional y la convicción de que la sanación suele encontrarse en lo que los sistemas tradicionales dejan fuera.
Como sanador natural y con una profunda sensibilidad hacia la energía, Kiem pone el foco en la importancia de la protección para quienes sanan, acompañan y trabajan con distintas modalidades. Su labor crea un espacio de seguridad y, al mismo tiempo, de posibilidades, abriendo la puerta a caminos fuera de lo tradicional.
Su enfoque nace de preguntas sobre lo que existía antes del dolor, la lesión o el trauma, y sobre si las personas pueden regresar a un estado de plenitud que parezca anterior al sufrimiento. Esta perspectiva atraviesa tanto su recorrido personal como su trabajo en el ámbito de la salud, el amor y los negocios.
Se guía por la idea de que puede existir una memoria más profunda vinculada a la naturaleza, al amor y a nuestro sentido original de pertenencia. Desde esta visión, la salud no es solo la ausencia de enfermedad, lesión o trauma, sino un estado de alegría, vitalidad, luminosidad y conexión.
Su vida ha estado marcada por una gran capacidad de resiliencia frente a desafíos personales y profesionales importantes, y esa experiencia sostiene el corazón de su mensaje: los obstáculos no son finales, sino aprendizajes. Anima a seguir avanzando hacia el bienestar con valentía, perseverancia y apertura a nuevas modalidades.
Como él mismo ha compartido:
"Lo único que nunca perdí fue una sensación más profunda de que el amor siempre estaba presente."
Y añade:
"Espero inspirar a otras personas a perseguir de forma constante un estado de buena salud, con más amor y a través de nuevos niveles de conciencia, no solo en ausencia de enfermedad, lesión o trauma, sino, precisamente, a partir de ello. La aceptación radical de nuestros traumas y desafíos, unida a la certeza más profunda de que podemos superarlos si estamos dispuestos a perseverar e integrar nuevas modalidades, es la clave del verdadero éxito y del bienestar auténtico. De niño, fui testigo demasiado pronto de los devastadores efectos del deterioro de la salud mental en matrimonios, hijos, familias y comunidades enteras; por eso deseo que este Centro pueda actuar como un lugar seguro para que las personas dejen atrás su sufrimiento y, de algún modo, encuentren el regreso a sí mismas, a la naturaleza y a su interconexión con todo lo que existe. Si logramos atravesar las barreras de nuestra psique y las que se manifiestan a nivel somático, quizá podamos acceder a la alegría de una vida 'consciente'."
Para Kiem, lo que buscamos es lo que somos. Y lo que somos, lo buscamos.
– Poeta y escritor