
Kirill vive en el centro junto a sus padres, Irina y Kirill, en una vida serena marcada por la meditación, el yoga y el apoyo cotidiano al espacio. Su presencia ha sido decisiva para dar forma a este proyecto, aportando cercanía y compromiso desde el primer momento. Tras atravesar una enfermedad grave y un periodo de gran incertidumbre, encontraron en la conciencia y en la práctica del yoga un camino de transformación que cambió por completo sus vidas.
Junto al trabajo espiritual, terapéutico y emocional que realizaron en común, fueron reconstruyéndose poco a poco y abriendo una nueva etapa. Hoy viven con el corazón abierto, con un deseo sincero de verdad y con la intención auténtica de acompañar a otras personas en su propio proceso. Su historia impregna el centro de profundidad, resiliencia y autenticidad, creando un entorno propicio para la sanación, la reflexión y el crecimiento interior.