
A los 15 años, quedó profundamente marcado cuando su tío regresó a la aldea tras una larga dieta. En su familia hablaban de él como un Muraya, el máximo nivel de desarrollo espiritual dentro del chamanismo shipibo, y compartían relatos sobre las ceremonias de sanación que dirigía. Impulsado por esas vivencias, ese mismo año tomó Ayahuasca por primera vez. Más adelante, a los 23 años, inició su primera dieta bajo la guía de su padre, también chamán shipibo.
Desde entonces, ha dedicado su vida a la sanación, acompañando a numerosos estudiantes y continuando con dietas de distintas plantas para profundizar en la sabiduría heredada de sus ancestros. Con más de 28 años de experiencia trabajando con Ayahuasca, participar en ceremonia con él es una oportunidad valiosa para recibir su icaro desde el corazón.